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junio 29, 2026

Así introducen drogas y móviles en las cárceles con drones: el nuevo desafío para la seguridad penitenciaria

Los altos muros, las concertinas y los controles de acceso ya no son el único problema al que se enfrentan las prisiones españolas.

Ahora la amenaza llega desde el aire.

En los últimos años, el uso de drones para introducir teléfonos móviles, drogas y otros objetos prohibidos en los centros penitenciarios se ha convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para funcionarios y fuerzas de seguridad. La evolución de estos aparatos ha obligado incluso a replantear los sistemas tradicionales de vigilancia.

¿Cómo funciona este método?

El sistema es mucho más sofisticado de lo que parece.

Los pilotos preparan drones de gran capacidad de carga y programan rutas nocturnas hasta las inmediaciones de la prisión. En muchos casos, cubren con cinta adhesiva las luces de posición para dificultar su localización desde tierra.

Una vez alcanzan el perímetro del centro penitenciario, el dron desciende hasta situarse cerca de las ventanas o de los patios interiores y deja suspendida una cuerda con un pequeño paquete sujeto en su extremo.

Desde el interior, los reclusos utilizan palos u otros utensilios improvisados para alcanzar la cuerda y recuperar la mercancía sin necesidad de que el dron llegue a aterrizar.

Este sistema reduce el tiempo de exposición del aparato y dificulta que pueda ser interceptado.

¿Qué transportan?

Aunque la droga continúa siendo uno de los principales objetivos de estos vuelos clandestinos, los teléfonos móviles son actualmente uno de los productos más codiciados.

Un smartphone permite a determinados internos mantener contacto con el exterior, comunicarse mediante aplicaciones cifradas o, en algunos casos, continuar coordinando actividades delictivas desde prisión.

Además de móviles y sustancias estupefacientes, también se han detectado intentos de introducir cargadores, tarjetas SIM, medicamentos, dinero en efectivo e incluso bebidas alcohólicas.

El negocio detrás de cada vuelo

Los investigadores sostienen que detrás de estos envíos existe una auténtica red logística.

No cualquiera es capaz de realizar un vuelo nocturno de precisión hasta una ventana situada a decenas de metros de distancia.

Los pilotos especializados llegan a cobrar miles de euros por cada entrega completada con éxito, ya que el valor que adquieren determinados objetos dentro de prisión multiplica ampliamente su precio en el exterior.

El beneficio económico explica por qué este sistema continúa extendiéndose.

¿Por qué es tan difícil detenerlos?

Los drones modernos son pequeños, rápidos y muy silenciosos.

Cuando vuelan de noche, su detección resulta especialmente complicada, sobre todo si las luces de navegación han sido ocultadas.

Además, el vuelo suele durar apenas unos minutos.

Cuando los funcionarios detectan el zumbido, localizar al piloto que maneja el aparato desde el exterior resulta extremadamente complejo.

Picassent, uno de los últimos casos

Uno de los incidentes más recientes tuvo lugar en el centro penitenciario de Picassent.

Un dron quedó enganchado en un foco de iluminación mientras transportaba una bolsa con teléfonos móviles y cargadores destinada, presuntamente, a varios internos.

El hallazgo motivó la apertura de una investigación para identificar tanto al piloto como a los posibles destinatarios del envío. Según distintas informaciones, algunos internos fueron trasladados de módulo como medida preventiva mientras se desarrollaban las pesquisas.

La respuesta de Instituciones Penitenciarias

El incremento de este tipo de incidentes ha llevado a Instituciones Penitenciarias a reforzar la búsqueda de soluciones tecnológicas.

Algunas cárceles españolas ya están incorporando sistemas específicos capaces de detectar e identificar drones antes de que alcancen el perímetro del recinto, mientras el Ministerio del Interior impulsa nuevas inversiones para mejorar la protección frente a estas aeronaves.

Un problema que seguirá creciendo

Los expertos consideran que la tecnología juega actualmente a favor de las organizaciones criminales.

Cada nueva generación de drones ofrece mayor autonomía, mejor precisión mediante GPS y una capacidad de carga superior.

Por ese motivo, las prisiones españolas afrontan un reto relativamente nuevo: proteger no solo sus muros y accesos terrestres, sino también el espacio aéreo que los rodea.

Y todo apunta a que esa batalla tecnológica no ha hecho más que empezar.

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