El 11 de agosto de 1492, mientras Europa estaba a punto de entrar en una nueva era, un valenciano alcanzaba uno de los puestos más poderosos del mundo.
El cardenal Rodrigo de Borja, nacido en Xàtiva, era elegido papa y adoptaba el nombre de Alejandro VI.
Su pontificado quedaría para siempre ligado a los Reyes Católicos, al descubrimiento de América, a las luchas por el control de Italia y a uno de los episodios militares más sorprendentes protagonizados por Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.
El valenciano que se convirtió en Papa
Rodrigo de Borja fue elegido pontífice el 11 de agosto de 1492 después de un cónclave iniciado cinco días antes.
Convertido en Alejandro VI, pasó a ocupar el centro de un tablero político europeo en el que religión, diplomacia, guerras y ambiciones territoriales estaban profundamente entrelazadas.
Y España desempeñaría un papel fundamental durante su pontificado.
Alejandro VI y los Reyes Católicos
La relación entre el Papa valenciano e Isabel de Castilla y Fernando de Aragón produjo algunas decisiones que terminarían teniendo consecuencias históricas.
Una de las más conocidas llegó en 1496.
Alejandro VI concedió oficialmente a Isabel y Fernando el título de Reyes Católicos mediante la bula Si convenit.
El título sobrevivió a sus protagonistas y acabaría incorporándose a la tradición de la monarquía española.


Pero todavía tendría mayor trascendencia lo sucedido después del primer viaje de Cristóbal Colón.
Las Bulas Alejandrinas y el Nuevo Mundo
Tras conocerse los descubrimientos colombinos, Alejandro VI promulgó en 1493 diferentes documentos pontificios conocidos como las Bulas Alejandrinas.
Entre ellos se encontraba la célebre Inter caetera.
Estas disposiciones reconocían importantes derechos de la Corona de Castilla sobre las tierras descubiertas y por descubrir en determinadas zonas del Atlántico.
La disputa con Portugal no terminó ahí.
Castilla y Portugal negociaron posteriormente sus propias condiciones y en 1494 firmaron el Tratado de Tordesillas, desplazando la línea que separaba sus respectivas áreas de expansión.
Era el comienzo de una transformación geopolítica de dimensiones mundiales.
Pero mientras españoles y portugueses discutían sobre territorios situados al otro lado del océano, Alejandro VI tenía un problema mucho más cercano.
Los franceses estaban en Italia.
Carlos VIII invade Italia
En 1494, Carlos VIII de Francia penetró en la península italiana con la intención de imponer sus derechos sobre el Reino de Nápoles.
La presencia francesa alteró completamente el equilibrio político italiano.
Para detener su expansión terminó constituyéndose una alianza en la que participaron España, Venecia, Milán, el Sacro Imperio y la Santa Sede.
Fernando el Católico envió tropas españolas a Italia.
Entre sus mandos estaba un hombre que estaba a punto de convertirse en una leyenda militar:
Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán.
El puerto que podía matar de hambre a Roma
Aunque las fuerzas francesas fueron retrocediendo, quedó un problema especialmente peligroso.
Ostia.
Situada en la desembocadura del río Tíber, Ostia era fundamental para el abastecimiento de Roma.
La plaza permanecía en manos de Menaldo Guerri, un corsario vizcaíno al servicio del rey francés Carlos VIII.
Controlar aquel punto suponía disponer de una posición privilegiada sobre una de las principales vías de abastecimiento de la ciudad.
Alejandro VI decidió entonces pedir ayuda al Gran Capitán.
El Gran Capitán acude en ayuda del Papa valenciano
Gonzalo Fernández de Córdoba marchó contra Ostia con tropas españolas.
El asedio se desarrolló entre febrero y marzo de 1497.
La fortaleza estaba mucho mejor defendida de lo esperado, por lo que los españoles emplearon artillería para abrir una brecha en sus defensas.
Tras varios días de operaciones, las tropas consiguieron penetrar en la plaza.
Finalmente, el 9 de marzo de 1497, Menaldo Guerri capituló.
Ostia volvía al control pontificio.
Un valenciano, un general español y una Europa en transformación
La escena resume perfectamente una época extraordinaria.
Un papa nacido en Xàtiva ocupaba el trono de San Pedro.
Los Reyes Católicos estaban construyendo una nueva potencia europea.
Colón acababa de abrir una ruta hacia un continente desconocido para los europeos.
Francia y España luchaban por dominar Italia.
Y el hombre que terminaría revolucionando la forma de combatir en Europa acudía con sus soldados para recuperar uno de los puntos estratégicos de Roma.
Alejandro VI continúa siendo uno de los pontífices más polémicos de la historia, pero su figura resulta imposible de separar de algunos de los acontecimientos que marcaron el nacimiento de la Edad Moderna.
Y entre ellos permanece un episodio hoy mucho menos conocido:
el día en que el Gran Capitán acudió en ayuda de un Papa valenciano y conquistó Ostia para devolver al pontífice uno de los principales accesos marítimos de Roma.
