Durante décadas, entrar en el número 231 de la calle Escalante significaba acceder a uno de los grandes centros de ocio del Cabanyal. Allí se encontraba el Cine Imperial, una histórica sala valenciana que llegó a reunir a centenares de espectadores en cada sesión y que permaneció abierta durante 64 años.
Mucho antes de las multisalas, las plataformas digitales o los grandes complejos comerciales, Valencia estaba salpicada de cines de barrio. Eran lugares de encuentro donde familias enteras podían pasar buena parte de la tarde viendo películas y espectáculos. El Imperial fue uno de los grandes referentes de aquella época.
Un cine inaugurado en el Cabanyal en 1919
La documentación de la ruta arquitectónica del Cabanyal publicada por el Ayuntamiento de Valencia sitúa la inauguración del Cine Imperial en diciembre de 1919.
El proyecto fue obra del arquitecto Víctor Gosálvez, profesional que trabajó habitualmente en los Poblados Marítimos, y el establecimiento estuvo inicialmente regentado por los hermanos Miguela, Salvador y Vicente Ballester.
La película elegida para estrenar la pantalla fue La Condesa Miseria, de la compañía francesa Gaumont. El operador encargado de las proyecciones era Demetrio Nando, que anteriormente había trabajado en el Cine El Cid.
Era el comienzo de una historia que se prolongaría durante más de seis décadas.
800 espectadores dentro del Imperial
El tamaño de la sala da una idea de la importancia que llegó a alcanzar.
El Cine Imperial disponía inicialmente de 800 localidades, distribuidas entre:
- 550 asientos en el patio de butacas.
- 250 localidades en la planta superior, conocida popularmente como el «gallinero».
Pero todavía crecería más.
En 1923, después de diversas reformas y mejoras en las instalaciones, la capacidad habría aumentado hasta alcanzar 1.500 localidades, según la documentación municipal sobre el patrimonio arquitectónico del Cabanyal.

Era una cifra extraordinaria para un cine situado en pleno barrio marítimo.




Sesiones desde las cuatro de la tarde hasta la una de la madrugada
El Imperial perteneció a una época en la que ir al cine tenía poco que ver con la experiencia actual.
Durante los años cuarenta estaba equipado con dos proyectores Western Electric y funcionaba mediante sesiones continuas.
Las películas podían comenzar alrededor de las cuatro de la tarde y las proyecciones prolongarse hasta aproximadamente la una de la madrugada.
Su programación incluía películas de segundo y tercer reestreno, una fórmula habitual en los cines populares de barrio: las grandes producciones llegaban primero a las salas principales del centro de Valencia y posteriormente recorrían establecimientos como el Imperial.
Pero allí no solamente se veía cine.
Varietés, sesiones cómicas y películas valencianas
Los testimonios conservados sobre el Imperial recuerdan que los sábados podían celebrarse espectáculos de varietés, mientras que también existían sesiones matinales dedicadas al cine cómico.
Por su pantalla pasaron igualmente producciones valencianas y títulos populares de la época.
El Imperial era, por tanto, mucho más que una sala donde proyectar películas. Durante generaciones funcionó como uno de los principales lugares de entretenimiento y socialización del Cabanyal.
En una Valencia sin televisión en la mayoría de los hogares, acudir al cine podía convertirse en uno de los grandes acontecimientos de la semana.
El principio del fin de los grandes cines de barrio
La televisión, los cambios en los hábitos de ocio, la aparición de nuevas salas y posteriormente el vídeo doméstico fueron transformando progresivamente el negocio cinematográfico.
Muchos de aquellos enormes cines valencianos comenzaron a desaparecer.
El Imperial consiguió resistir hasta 1983.
Ese año cerró definitivamente sus puertas después de aproximadamente 64 años de actividad cinematográfica.
Fue el final de una de las salas históricas del Cabanyal.
Del Cine Imperial al Gimnasio Imperial
Sin embargo, el edificio no desapareció inmediatamente.
Después del cierre cinematográfico, sus instalaciones fueron transformadas y pasaron a albergar el Gimnasio Imperial.
La antigua sala experimentó diferentes modificaciones para adaptarse a su nuevo uso, aunque todavía permanecían elementos que recordaban su pasado cinematográfico.
Con el tiempo, también el gimnasio acabaría cerrando.
El edificio quedó prácticamente abandonado y el antiguo cine pasó a convertirse en uno de esos espacios del Cabanyal cuya historia resulta difícil imaginar para quien simplemente camina por la calle.
Un cine escondido dentro de una manzana del Cabanyal
Existe además una particularidad arquitectónica que hace especialmente curioso al Imperial.
Un estudio de la Universitat Politècnica de València sobre el barrio señala que el antiguo cine se encontraba escondido en el interior de una manzana, siguiendo una configuración que hacía que prácticamente pasara inadvertido para quien caminaba frente a su acceso principal.
Detrás de aquella entrada se escondía una enorme sala que durante décadas había acogido a cientos de vecinos.
Una pieza de la memoria cinematográfica de Valencia
Hoy resulta difícil imaginar la cantidad de salas que llegaron a funcionar repartidas por los barrios valencianos.
El Imperial formó parte de aquella Valencia en la que el cine no estaba concentrado en centros comerciales ni complejos de multisalas. Cada barrio podía disponer de sus propios establecimientos y muchos acababan convirtiéndose en auténticas instituciones vecinales.
El Ayuntamiento de Valencia lo incluye actualmente dentro de su Ruta-Guía de Arquitectura del Cabanyal, junto a otros edificios y espacios destacados del patrimonio del barrio.
El Cine Imperial ya no proyecta películas, pero su historia permanece ligada a la memoria del Cabanyal y a una época en la que cientos de valencianos podían entrar una tarde por la calle Escalante y no volver a salir hasta pasada la medianoche.
Una entrada, una enorme pantalla y hasta 1.500 espectadores compartiendo la misma película. Así era ir al cine en el Cabanyal hace un siglo.
