Alcoi arrastra desde hace más de un siglo una de esas historias en las que los hechos documentados y la leyenda popular terminaron mezclándose hasta resultar difíciles de separar. Es el llamado crimen de Les Mananes, un episodio ocurrido en 1915 tras la desaparición y muerte de un niño y que acabó señalando a varias mujeres conocidas en la ciudad por ejercer como curanderas.
Con el tiempo, la historia se transformó en un relato oscuro sobre brujería, sangre y niños desaparecidos. Sin embargo, cuando se revisan las fuentes históricas, la realidad aparece bastante más compleja.
Alcoi, una ciudad industrial y obrera
A comienzos del siglo XX, Alcoi era una de las grandes ciudades industriales valencianas. Fábricas textiles, chimeneas, talleres y barrios obreros dibujaban un paisaje muy distinto del actual.
Las condiciones de vida podían ser extremadamente duras y los accidentes laborales, incluso entre menores, eran frecuentes. En ese contexto convivían la medicina oficial, los remedios domésticos, las supersticiones y el trabajo de personas conocidas como curanderas.
Entre ellas se encontraban unas mujeres que pasarían a la memoria popular con el nombre de Les Mananes. Las fuentes actuales hablan de dos hermanas y una cuñada vinculadas al curanderismo, a quienes acudían vecinos para tratar golpes, esguinces y otros problemas.
La desaparición de un niño
El episodio que cambiaría sus vidas comenzó en 1915.
Según las reconstrucciones históricas recogidas en distintas investigaciones locales, un niño desapareció en un barrio obrero de Alcoi mientras su madre se había ausentado momentáneamente. La búsqueda movilizó a la población y terminó de la peor manera: su cadáver apareció junto al río, en las proximidades de una acequia industrial.
La conmoción fue enorme.
En una ciudad donde los rumores circulaban con rapidez, pronto comenzaron a extenderse historias sobre el estado en que había aparecido el cuerpo.
La tradición oral llegó a afirmar que al pequeño le habían extraído la sangre e incluso los ojos. Algunas versiones sostenían que la sangre de niños era utilizada como supuesto remedio para enfermedades de personas adineradas.
Pero ahí aparece una diferencia fundamental entre la leyenda y lo documentado.
El cadáver no presentaba las mutilaciones que contaba el rumor
La documentación histórica conservada señala que el cadáver presentaba un golpe en la cabeza y una lesión en un hombro, pero no aquella escena extremadamente sangrienta que terminó instalándose en el imaginario popular.
Pese a ello, el miedo ya había empezado a crecer.
Incluso la prensa de la época llegó a relacionar el crimen con prácticas de curanderismo, mientras otras informaciones señalaban hipótesis completamente diferentes.
Fue entonces cuando el nombre de Les Mananes empezó a aparecer cada vez con más fuerza.
Una niña de nueve años y unas manchas de sangre
Aproximadamente dos semanas después de la muerte del niño, las sospechas se dirigieron hacia las curanderas.
Una de las claves fue el testimonio atribuido a una niña de nueve años, hija de una de ellas, quien habría contado a unas vecinas que había visto un niño en casa de una tía y que pretendían extraerle sangre.
La Guardia Civil registró posteriormente una de las viviendas y encontró restos de sangre.
Aquellos elementos bastaron para desencadenar las detenciones.
El problema era demostrar a quién pertenecía aquella sangre y qué relación podía tener realmente con el crimen.
La ciudad buscaba culpables
Las acusaciones contra Les Mananes crecieron rápidamente.
El caso dejó de ser únicamente policial y se transformó también en un conflicto social y político. La muerte del niño llegó a provocar una gran agitación en Alcoi y las fuentes hablan incluso de movilizaciones y una huelga general relacionada con el caso.
Además, la Casa del Pueblo y figuras políticas republicanas intervinieron en la polémica, convirtiendo lo ocurrido en un asunto que también enfrentaba a diferentes sectores políticos de la ciudad.
Las curanderas quedaron atrapadas en medio de aquel clima.
Para una parte de la población ya eran culpables antes incluso de celebrarse cualquier juicio.
Brujas, curanderas y leyenda negra
El paso del tiempo hizo el resto.
Les Mananes dejaron de ser únicamente unas mujeres relacionadas con un proceso judicial y terminaron transformándose en personajes casi sobrenaturales.
La tradición oral les atribuyó abortos clandestinos, rituales, desapariciones de niños y extracción de sangre.
En algunos relatos se decía que secuestraban pequeños para entregar su sangre a personas ricas que sufrían determinadas enfermedades.
No existen pruebas históricas sólidas que permitan dar por ciertas esas historias.
Precisamente ahí está uno de los aspectos más interesantes del caso: cómo un crimen sin resolver puede acabar generando una leyenda colectiva mucho más poderosa que los hechos comprobados.
Un caso que sigue siendo tabú en Alcoi
Más de cien años después, el crimen continúa formando parte de la memoria popular de la ciudad.
Investigadores y guías locales aseguran que todavía existe cierta incomodidad cuando se pregunta por Les Mananes a personas mayores de Alcoi.
El historiador y guía Jordi Linares ha definido el episodio directamente como un “tema tabú” en la ciudad y señala que algunas familias prefieren no hablar de aquellos acontecimientos.
La historia ha despertado tanto interés que actualmente forma parte de rutas dedicadas a los misterios y sucesos históricos de Alcoi. Incluso programas culturales recientes han incluido recorridos específicos bajo el título «Les Mananes».
¿Fueron realmente culpables?
La pregunta que ha sobrevivido durante más de un siglo continúa sin una respuesta sencilla.
Las acusaciones populares fueron enormes, pero los elementos que alimentaron aquellas sospechas estaban mezclados con testimonios indirectos, rumores y supersticiones.
La documentación posterior permite comprobar además que buena parte de las características macabras atribuidas al cadáver no coincidían con las lesiones realmente descritas.
Por eso, hoy resulta mucho más prudente hablar del “crimen de Les Mananes” como un episodio histórico rodeado de leyenda, y no presentar como hechos demostrados las historias sobre rituales, extracción de sangre o brujería.
Quizá precisamente esa ausencia de certezas explica por qué el caso continúa fascinando.
Un niño muerto, unas curanderas convertidas en sospechosas, una ciudad industrial convulsionada y más de cien años de rumores.
La combinación perfecta para que la historia terminara convirtiéndose en leyenda.
